Instalar un estanque en el jardín puede ser una magnífica idea para disfrutar de plantas acuáticas y peces, potenciando el entorno natural del espacio exterior. Para que el estanque no se convierta en un problema, debemos realizar una correcta planificación antes de proceder a su construcción.

Lo mejor es elegir el lugar donde se instalará el estanque y marcarlo con una soga. Así podremos tener una perspectiva real del espacio que ocupará el estanque para confirmar si no interferirá con el uso habitual del jardín. Lo ideal es dejar las marcas durante varios días mientras se sigue utilizando el jardín de manera habitual.

Una vez que hayamos definido el lugar del estanque, tenemos que considerar varios factores. Es preferible que el estanque no esté situado debajo de los árboles ya que, de lo contrario, las hojas caerán en el agua durante el otoño. Las raíces de los árboles además pueden romper la base o los bordes del estanque.

El viento es otra variable que debemos tener en cuenta. Es conveniente conocer de qué lado suele soplar el viento en las distintas estaciones: en otoño, como comentábamos líneas arriba, caen las hojas y, por más que los árboles no estén pegados al estanque, el viento se puede encargar de depositarlas en el agua.

El sol, por otra parte, puede resultar muy agradable, pero también incide en la aparición de algas unicelulares. Una alternativa es decorar los bordes del estanque con plantas que actúen como barrera de los rayos solares al amanecer y al atardecer. Durante el resto del día, las plantas flotantes cumplirán con la misma función.

Cuando tengamos todo definido, sólo deberemos elegir, de acuerdo a las condiciones naturales de nuestra región, qué plantas y peces habitarán en nuestro hogar. El estanque en el jardín, de esta manera, estará lleno de vida.

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